INFORME
EDUCACIÓN EMOCIONAL
1. INTRODUCCIÓN
2. EDUCACIÓN EMOCIONAL
3. FENÓMENOS AFECTIVOS
3.1 Estados de ánimo
3.2 Estados de ánimo
4. EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA ESCUELA
5. COMPETENCIAS EMOCIONALES
5.1 Habilidades en la Educación Emocional
5.2 Los cinco atributos de la Inteligencia Emocional de Daniel Goleman
6. CONCLUSIONES
7. SITIOS WEB
El
objetivo de este documento es informar acerca del marco conceptual de las
emociones en la educación, es decir, el concepto de Educación emocional, los
fenómenos afectivos, las emociones en la educación, las competencias
emocionales y la autogestión. La estructura de las emociones nos da un panorama
amplio de cómo se clasifican las emociones, identificar las emociones básicas,
la intensidad y polaridad.
Al
desarrollar una mejor comprensión y conexión con nuestros
sentimientos y nuestras necesidades, podremos desarrollar una vida más
equilibrada y una buena salud mental. Aunque sea difícil detener el
"monólogo interno" en nuestra cabeza, a través de la inteligencia
emocional podemos hacer que sea más compasivo, también con uno mismo.
La educación emocional es una de las innovaciones
psicopedagógicas de los últimos años que responde a las necesidades sociales
que no quedan suficientemente atendidas en las materias académicas ordinarias.
Su objetivo es el desarrollo de competencias emocionales, consideradas
competencias básicas para la vida. Es, por tanto, una educación para la vida
(Bisquerra, 2010).
Con
este informe quiero dar a conocer que el destinatario de la educación emocional
es el profesorado, debido a que necesita las competencias emocionales para el
desempeño de su profesión, de igual manera para poder contribuir con el
desarrollo de las competencias emocionales de sus alumnos. Solamente un
profesorado bien formado podrá poner en práctica programas de educación
emocional de forma efectiva.
EDUCACIÓN EMOCIONAL
La educación emocional es un proceso
pedagógico que potencia la esfera afectiva junto con las habilidades cognitivas
para promover un desarrollo integral de la personalidad. Se centra en mejorar
el conocimiento y la gestión emocional para afrontar los desafíos diarios y
mejorar el bienestar.
Esta educación está estrechamente relacionada
con la Inteligencia Emocional, por lo tanto, un objetivo clave
de la educación emocional es desarrollar esta capacidad. Para conseguir ser emocionalmente competentes se
requiere práctica continua, por lo que este tipo de aprendizaje debe iniciarse
en los primeros años de vida y estar presente durante toda ella. Aunque el
término Educación Emocional empezó con Goleman, ya antes se habían realizado
propuestas para integrar aspectos socioafectivos en el currículum en nuestro
país y en otros. Sin embargo, aún queda mucho por hacer pues hay aspectos que
no se trabajan o no se trabajan lo suficiente en las escuelas, debido en gran
medida a la falta de formación en este campo, tanto de profesores como de
alumnos.
La
educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades
sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias. (Bisquerra, 2003).
Las emociones negativas son inevitables, por lo que es necesario aprender a
identificarlas, regularlas y expresarlas de forma apropiada. Las positivas son
la base del bienestar subjetivo, por lo que se propone trabajar la educación
emocional en las escuelas como objetivo para conseguir dicho bienestar.
Diversos autores y estudios confirman que, a mayor desarrollo emocional,
mayores habilidades sociales, menor número de conflictos y conductas
disruptivas, mejor convivencia escolar, mejor rendimiento académico y, en
definitiva, mejor desarrollo integral del niño. En este trabajo se analizan y
describen experiencias prácticas llevadas a cabo en diversas escuelas del país
y de otras partes del mundo.
FENÓMENOS AFECTIVOS
Es tradicional la distinción entre emociones agudas y
estados de ánimo. Las emociones agudas se caracterizan por la brevedad. Pueden
durar segundos, minutos a veces horas y días; pero difícilmente una emoción
dura semanas o meses.
Entonces
se entra en los sentimientos y en los estados de ánimo, que sí pueden durar
semanas o meses. Es muy importante conocer para poder diferencias estos
fenómenos afectivos, el hecho de conocerlo nos da una mejor visión acerca de
cómo abordarlos.
Estados de ánimo
Se
denominan estados de ánimo o estados de humor (modo). Un estado de ánimo no
tiene una motivación clara a diferencia de una emoción o un sentimiento, en un
estado de ánimo no tiene que haber necesariamente un objeto que lo provoque.
Los estados de ánimo son de menos intensidad y de más duración que las
emociones. Los estados de ánimo pueden durar desde unas horas hasta varios
meses.
Las
emociones reclaman una respuesta urgente; los estados de ánimo no. Los estrados
de ánimo tienen que ver con las experiencias. En la medida que se tengan
estados de ánimo negativos intensos, con una duración mayor de lo razonable
aceptable se pueden desarrollar los desórdenes emocionales. Hay múltiples tipos
de desórdenes emocionales que deben ser tratados por los especialistas
(psicólogos, psiquiatras). Es muy importante estar alerta a estas situaciones
con los niños para poder canalizarlos cuando se detecte un desorden emocional.
Rasgos
de personalidad
Están asociados con los estados
emocionales Así, por ejemplo, se suele pensar en personas que son alegres,
tristes, miedosas, rabiosas, cariñosas, etc. Es decir, en la medida en que una
emoción caracteriza el comportamiento de una persona, puede pasar a constituir
un rasgo de personalidad. Los rasgos de personalidad tienen una duración de
toda la vida.
EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA ESCUELA
Una de las finalidades de la educación es el
desarrollo integral de la persona, el desarrollo de la personalidad en todos
sus ámbitos. Por ello, son numerosos los autores que confirman la necesidad de
incluir la educación emocional en la práctica educativa (Darder, Izquierdo o
Bisquerra, por ejemplo, en el ámbito español). Aunque el proceso de
concienciación sobre la necesidad de esta integración es lento, en los últimos
años y en la actualidad, se le está dando el reconocimiento que se merece. Uno
de los acontecimientos que dio impulso a este reconocimiento fue el Congreso
Estatal de Educación Emocional (Barcelona, 2000), en el cual se planteaba que
muchos de los comportamientos disruptivos de los alumnos tienen su origen en
problemas emocionales.
Es por ello que conducir a los
niños para que aprendan a gestionar la propia vida emocional es un factor
decisivo para la socialización. (Abarca, 2003). A raíz del desarrollo de esta
concienciación han ido surgiendo grupos de investigación sobre la educación
emocional, como el GROP en la Universidad de Barcelona o el DPE en la
Universidad Autónoma de Barcelona, mencionados anteriormente. Sin embargo, la
realidad actual dista bastante de conseguir este objetivo. Tal y como dice
Vallés (2001), la realidad curricular nos ofrece una panorámica general en la
que el aprendizaje para la vida, la educación emocional, el aprendizaje social
en las relaciones interpersonales en el contexto escolar, así como la educación
de los procesos cognitivos de autocontrol distan mucho de la integridad que se
propone como meta educativa. Además, dice que no es suficiente con disponer de
determinados contenidos para enseñar y aprender comportamientos, sino que es
necesaria la confluencia de otras variables.
Es
preocupante que la práctica de regulación emocional no tenga un lugar definido
en el currículo educativo, sino que es algo más bien incidental y esporádico
que sólo se tiene en cuenta cuando hay algún conflicto o situación de crisis.
Tal como señalan Moore y Stewart (1997), el rol de la escuela al evaluar y
desarrollar la regulación emocional es crítico. No puede ser un añadido al
Currículo existente, un rato a la semana para discutir la regulación emocional.
Los maestros deben incorporar oportunidades para desarrollar la regulación
emocional en el currículo en cada nivel y cada materia. ¿Y qué se puede hacer
ante este problema? Son muchos los que proponen a las diferentes
administraciones educativas y agentes sociales que se incluyan las referencias
a la inteligencia emocional en la normativa educativa, así como la necesidad de
la formación del profesorado en este campo.
Otra de las propuestas es la
referida en el informe de la UNESCO de la Comisión Internacional sobre
Educación para el siglo XXI. Esta comisión se formó en el año 1993 con Jacques
Delors y catorce profesionales más de todas partes del mundo con el fin de examinar
los problemas que encontramos en la educación a nivel mundial, establecer
prioridades y ofrecer recomendaciones para la mejora e innovación educativa.
Una de ellas es la de sugerir la inclusión de nuevas asignaturas en las
escuelas, como el autoconocimiento y las formas de asegurar el bienestar físico
y psicológico.
COMPETENCIAS EMOCIONALES
Para poder desarrollar la educación emocional
es importante tener una serie de conocimientos que se enfocan en las emociones
y sobre todo en competencias emocionales. Dentro de los conocimientos debe
estar:
1. Comprender la relevancia de las emociones en la
educación y en la vida diaria.
2. Tomar conciencia de las propias emociones y de las
emociones de los demás, en particular del alumnado, en las interacciones
sociales.
3. Regular las propias emociones y ejercer un autocontrol
emocional en las situaciones conflictivas de la vida ordinaria, en particular
en la dinámica de clase.
4. Establecer mejores relaciones interpersonales, tanto
en el lugar de trabajo, la familia como en las relaciones sociales.
5. Enfrentarse al alumnado de forma más eficiente y
satisfactoria, tomando en consideración la dimensión emocional.
6. Realizar un análisis del contexto para identificar
necesidades emocionales que deberán ser atendidas a través de un programa de
educación emocional.
7. Formular objetivos de un programa de educación
emocional cuyo logro suponga la satisfacción de las necesidades prioritarias.
8. Determinar los posibles indicadores que permitan
diseñar estrategias concretas de intervención, así como los aspectos en los que
debe incidir la evaluación del programa.
9. Crear un programa que fomente el desarrollo de las
competencias emocionales en el alumnado. 10. Diseñar estrategias y actividades,
o seleccionarlas entre las existentes, para aplicarlas en la puesta en práctica
del programa.
10. Aplicar el programa a un grupo clase, preferentemente
en el marco del PAT (Plan de Acción Tutorial).
11. Evaluar el programa, tomando como referencia los
indicadores elaborados previamente.
Habilidades en la Educación Emocional
La Inteligencia Emocional se refiere a la habilidad de
percibir de forma correcta, evaluar y expresar las emociones; la habilidad de
acceder a los sentimientos o generarlos cuando facilitan pensamientos; la
habilidad de entender las emociones y conocimiento emocional; y la habilidad de
regular emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual. En
definitiva, la inteligencia emocional se especifica en cuatro habilidades
básicas:
·
Percepción y expresión
emocional: habilidad de percibir emociones y de expresarlas correctamente.
·
Asesoramiento
emocional: habilidad de generar sensaciones y emociones que facilitan la toma
de decisiones y la resolución de conflictos.
·
Comprensión emocional: habilidad de integrar
lo que sentimos en nuestro conocimiento emocional.
·
Regulación emocional: capacidad de aceptación
y regulación emocional, es decir, estar abierto a estados emocionales positivos
y negativos, para reflexionar sobre la información que los acompaña, al igual
que ser capaz de modificar ambos tipos de emociones en nosotros mismos y en
otras personas.
·
Estas habilidades están
ligadas entre ellas de forma que una regulación emocional adecuada requiere
buena comprensión emocional y, por lo tanto, para una comprensión emocional
efectiva se requiere una percepción emocional adecuada.
Sin embargo, una de las prioridades principales en Europa es la
inclusión de la educación de emociones en el sistema educativo. Recientes
estudios internacionales muestran que los programas de mejora de la
Inteligencia Emocional en las escuelas tienen efectos positivos a largo plazo
en el ajuste emocional, relaciones sociales, comportamientos disruptivos y
violentos y en el rendimiento académico de las personas.
En
este proceso, la educación emocional también considera la mejora de la
Inteligencia Emocional en adultos que no tuvieron la oportunidad de trabajarla
durante su formación básica o profesional. El conocimiento científico del siglo
XXI nos aporta los argumentos y herramientas más efectivos necesarios para
educar las habilidades emocionales y sociales, tanto en la infancia como en la
adultez.
Los cinco atributos de la Inteligencia Emocional de Daniel
Goleman
Goleman identificó cinco habilidades clave dentro de
la inteligencia emocional o IE:
- Autoconocimiento: La
habilidad para comprender tus propias emociones. Tener autoconocimiento
significa entender tus fortalezas personales, debilidades, valores, metas
y el impacto en los demás.
- Autorregulación: La
habilidad de regular tus emociones. En lugar de actuar impulsivamente, los
líderes con una alta autorregulación son capaces de detenerse y examinar
sus emociones antes de reaccionar.
- Motivación: Las
razones por las que quieres tener éxito. Reconocer tu motivación te ayuda
a adaptar tu comprensión empática.
- Empatía: La
habilidad de conectar con la forma en que otras personas se sienten. La
empatía a menudo se considera la piedra angular de la inteligencia
emocional, ya que es una base importante para otros estados
emocionales.
- Habilidad
social: La habilidad para comunicarse y colaborar con otros. Goleman
compara las habilidades sociales con la habilidad para guiar a otros para
promover tus ideas.
CONCLUSIONES
En conclusión, es importante dar
a la educación emocional un espacio preponderante
tanto en casa como en la escuela, ya que contribuye a
formar personas integrales, empáticas con los otros, que posean las
herramientas para enfrentar de forma positiva los desafíos de hoy y
mañana. Incorporar
la educación emocional en el currículo escolar y en la formación de adultos
puede tener un impacto duradero en la sociedad, mejorando las relaciones y el
bienestar general.
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